El Arriero Antabamba

LA FIESTA DEL ARRIERO DE ANTABAMBA


EL ARRIERO DE ANTABAMBA APURIMAC

CONTEXTO HISTÓRICO

A lo largo de los siglos XVI hasta el XIX; Los arrieros cumplieron un papel esencial en el desarrollo económico, social y cultural de nuestros pueblos.

El arrieraje como actividad fundamental del hombre en la socialización utilizó las vías de comunicación terrestre como los caminos de herradura o hatunñan, durante la época, Pre Inca, Inca y colonial, en toda Sudamérica, desde Guayaquil - Colombia, Quito - Ecuador, La Paz - Bolivia y Rio de la Plata - Argentina.

ETIMOLOGIA:
ARRIERO: Proviene de la palabra arrear. Conductor de animales de carga; ARREAR: Acción de dirigir o encaminar a los animales; ARREO: Adorno, atavió; ARRIERÍA: Es la forma o modo de cuidar las acémilas o mulas durante y después del trayecto.

ORIGEN:
Desde tiempos inmemoriales nuestros ancestros viajaban de pueblo en pueblo llevando y trayendo productos de la región para realizar el trueque (intercambio de productos), utilizaban los wacayas (llamas) como bestias de carga conocidos como k’apiri (acción de arrear y cuidar llamas). Las llamas tienen gran facilidad de desplazarse por los caminos estrechos, malos y escabrosos. Con el tiempo fueron reemplazados por las mulas que son más rápidas y de mayor resistencia para soportar mayor capacidad de carga. Empleándose por mas de trescientos años como medio de transporte, comunicación y comercio a lomo de mula.

RITUALES Y DESPACHO
Antes de emprender el largo viaje y en cada apacheta acostumbraban hacer ofrendas, rituales a la pachamama y a los apus, augurando un viaje placentero y de pronto retorno. El despacho o despedida en Waccana-pata se efectúa con la tinka derramando al aire y al suelo la chicha y cañazo, pidiendo a los apus protección y un viaje sin mayores problemas en el camino. Las mujeres despedían con canto de jarawis de tristeza y a la vez de emotiva alegría deseando el pronto regreso, y los hombres acompañan con silbidos, los cuales terminaban en paños de lágrimas de emoción y alegría presagiando tal vez algunas desgracias en el camino o el viaje sin retorno de algunos peones que posiblemente serán enterrados en algunas apachetas.

LOS PREPARATIVOS.
Los preparativos se hacen con muchos meses de anticipación: Es indispensable la participación de las mujeres, por que ellas, en el arte textil demuestran habilidades y destrezas manuales para elaborar hermosos tejidos de lana de ovino y alpaca, como: Llicllas, chuspas, fajas, ponchos, frazadas, costales entre otros, todos para el comercio. Y también preparando alimentos no perecibles como chochoqa, acupalla (maíz molido), cecina (carne seca), huata queso (seco), cancha de habas y maíz, para el fiambre de los viajeros.

Los varones con mucho ingenio elaboran los hermosos atuendos y atavios multicolores de las mulas, como: Pecheras, tapa ojos, baticolas, cinchas, ancas, parejos o lomillos, sogas, lazos, riendas y otros.

Con estos productos realizaban el intercambio comercial para traer mercaderías como: ropas, telas, herramientas, algodón, ají, sal, azúcar, chancaca, frutas como: uva, naranjas, granadilla, cañazo, aguardiente y hojas de coca, para satisfacer las diferentes necesidades. Los mayordomos se proveían de productos para celebrar las mejores fiestas patronales y propias costumbres de mayor arraigo con mucha pomposidad y vistosidad.

De 10 a 20 hombres, entre mayordomos, peones y jaladores de mula, cada uno con una función específica a base de experiencia, emprendían el viaje con 15 a 60 mulas de carga, cada cual con un peso aproximado de 6 arrobas, de los cuales, la primera mula lleva la recua o esquela como guía y señal de aviso de la presencia de los arrieros.

Las largas jornadas duraban de 15 días a 12 meses. Con frecuencia los viajes fueron con destino a las ciudades de Chalhuanca, Abancay, Cusco, Quillabamba hasta yunca (selva). Por el oeste a la ciudad de Puquio, Nazca, Palpa, Ica (aún muy cerca a la ciudad de Lima), los valles de Ocoña y Majes en Arequipa.

LA JORNADA DEL ARRIERO
De 3 a 4 de la mañana ya estaba listo la lawa (sopa de maíz molido), después de alimentarse reanudaban el el viaje de cuesta y bajada, arreando las mulas, ¡arre, arre mula!, ¡jala jala jala!, chutay maqta, wichayman urayman (arriba abajo).

Los peones tenían la responsabilidad de estar pendientes de la carga cada vez ajustando para que no se ladeen y de las mulas que no se fueran a resbalar o caerse al abismo con ello garantizaban la calidad de su trabajo, la estabilidad y posibilidad de alcanzar y perfeccionarse para luego independizarse comercialmente y así se transmitían esta tradición de generación en generación.

A lo largo del camino siempre se presentaban diferentes obstáculos, a ello se sumaban las intensas lluvias del frío invierno, a veces cubiertas por la granizada, relámpagos, truenos y el accarapi (cuando cae la nevada), pero en temporadas sin lluvias, daba gusto viajar.
Siendo el tiempo, un factor decisivo, los caminos de herradura algunas veces intransitables, pero el arriero era ese gran comerciante o viajero de fortaleza, dureza y pericia en el oficio, dieron orgullo a la vida y el trabajo, siendo éste un elemento cultural por excelencia; el arriero es un caminante y en el camino realiza el trabajo agotador y constante para la supervivencia de la familia, que exigía un esfuerzo físico habilidades, destrezas manuales y sentido práctico, para resolver sus problemas, éste es un proceso de aprendizaje del arriero.

El sol empieza a bajar, las mulas y los arrieros necesitan descansar en una posada, arman el toldo (especie de carpa manual) y buscan potreros para las mulas, le dan de comer y recuperar energías para que puedan rendir el resto del viaje, prendían el fuego y preparaban la cena, los peones y jaladores se turnaban para cuidar las mulas del abigeo; los ayudantes algunos descalzos al ver rajarse sus pies sacaban vela de cebo, calentaban y lo untaban en las rajaduras y restregaban con limón ¡que alivio! Para que ya no se pelen y rajen los pies; llevan también su aguja de arriero para remendar los costales y aparejos que se rompían por desgastes o accidentes. Continúa la jornada venciendo las inclemencias del tiempo.

La extinción del arrieraje fue desplazado por el progreso y la modernidad, primero los ferrocarriles fueron borrando las huellas de los cascos y las herraduras y al final las carreteras. Pero aún se oyen el repicar de una mula en el eco legendario de la historia. De cuyo contexto de esta tradición todavia se representan activamente en los pueblos de nuestra región, en especial en el pueblo de Mollebamba, conservándose por la mayordomía, su naturaleza y la originalidad de sus atuendos y costumbres.

La recua de las mulas fue un medio de transporte de mercaderías para un intercambio comercial de diversos productos. Tupac Amaru fue uno de los representantes en Sudamérica.

De esta manera queda plasmado en las páginas de la historia, la idiosincrasia del pueblo antabambino-apurimeño siendo este un proceso histórico en la formación socio-económico y del desarrollo de su propia identidad cultural.


Por: Lic. Mery Bravo Contreras
Publicado en RAICES Edicion Nº 3 Setiembre de 2009.
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El último arriero antabambino
ADRIAN VILLAVICENCIO VERA

Don Adrián, desde temprana edad se dedico al oficio de arrieria y al arrieraje; como arriero, realizó viajes con sus recuas de mulas hacia Arequipa, Puquio, Yaca-Abancay y la yunca-Quillabamba-Cuzco. Llevando charki, cueros de ovejas, alpacas y tejidos de uso domestico, etc., para comercializarlos en forma de trueque y de retorno, traía coca, herramientas, palas, picos, lamparines, etc. Estableció una tienda de ferretería en Antabamba. Además traía frutas, uvas, manzanas, naranjas, chancaca, cañazo y aguardiente que son utilizados para su consumo en los trabajos agrícolas, ganaderos y en los rituales a la pacha mama.

Donde se le oscurezca el día ya sean noches lóbregas llegaba a su casa en su mula llamado "locma" de color bayo, aún en copas luego de asistir a una reunión de compromiso o fiestas costumbristas.

Apenas con instrucción primaria, llegó a ser teniente gobernador de la comunidad de Chuñohuacho, coordinó y construyó la iglesia, conjuntamente con don Pablo Narváez, quien posteriormente asume el mismo cargo, en la década de los años 1,960,

En el paraje de Jinchuquillca, que está ubicado más arriba de Urahuacho Inesperadamente una de sus mulas le da una patada accidental, a la altura del estomago, y por falta de auxilio médico del momento fallece en el trayecto de Chuñohuacho hacia Antabamba.

Luego de tres días de agonía, su esposa Natividad Delgado Félix, trató de llevarlo a Abancay para asistirlo, todo los intentos fueron vanos, falleció antes. El hijo mayor intenta continuar en el oficio, y por falta de pericia en la costumbre y los negocios del arrieraje, desiste y deja el oficio.

Don Adrián pasó el cargo de "El Arriero", cuando su hijo mayor tenía 2 años.

La familia hasta hoy conservan las indumentarias en su hogar de la ciudad de Antabamba.

Para las fiestas costumbristas estén donde estén acudían a presenciar las festividades en especial (fiesta del arriero y huaylia), luego de la festividad, retornaban a sus labores cotidianas en este caso al arrieraje. Sus sobrinos Blas Wilfredo aún niños, iban a darle la bienvenida del viaje de retorno, a cambio recibían como premios gratificantes dulces y frutas que para ellos eran exquisitos manjares.

En aquellos años la condición precaria permitía adquirir enfermedades como la fiebre amarilla "chuccho" y malaria,

Tradicionalmente los arrieros mas destacados fueron: Delgado, Collado, López, Félix, etc., quienes emprendían rutas bien lejanos en busca de productos de mejor calidad y a precios económicos llegando cerca a Lima hasta Palpa (ICA) para la compra de frutas y el buen vino.

Publicado por RAICES Edicion Nº 3
Setiembre de 2009.

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